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miércoles, 9 de junio de 2010

-- 9 --

Y bueno, hablé con J.
Su intención, el domingo, era terminar, y me dijo lo del break para que fuera lo menos doloroso posible.
Dice que me ama y que quiere estar a mi lado, pero no como pareja.
Siento como si me hubieran clavado una estaca que ha hecho estallar mi corazón; como esas típicas escenas en las películas donde le disparan al malo y este estalla y se hace polvo. Lo que no entiendo es qué hice para ser la mala. ... Obvio, entiendo menos por qué no quiere que estemos juntas como pareja.

Tal vez esta sea la última entrada que haga en este blog. Es probable que sea el último capítulo... a menos que se le ocurra hacer algo más. Supongo que seguiré contestando comentarios. Por ahora solo quiero aislarme del mundo.

martes, 8 de junio de 2010

-- 8 --

Continuando con la historia: regresamos. Debo admitir que al principio no fue fácil, tenía muchos miedos, necesitaba poder confiar en J otra vez, como lo hacía antes, a ojos cerrados.
Lo bueno fue que lo logramos. Establecimos una relación. Los "te amo" iban y venían... todo estaba perfecto dentro de la relación...
"Estaba" porque hace dos noches me dijo que quería un break para pensar porque no sabe si debe "arriesgar muchas cosas para poder ser feliz contigo o dejarte y buscar mi felicidad x otro camino". Entonces le contesté: "Entonces sí tiene que ver conmigo y nuestra relación. Quieres ver sómo vas a ser más feliz, si juntas o separadas". Ella respondió que sí. 
Yo seguí mi lógica: si amas a alguien, entonces estar con esa persona te hace feliz. Entonces le dije que es una mentirosa por haberme dicho todo este tiempo que me amaba sin saber si yo la hacía feliz.
Muy en contra de todas las posibles reacciones que he tenido en el pasado, no sólo le dije mentirosa, sino que hice algo más: le mandé un correo con una conversación por msn. ¿Qué tiene de especial esa conversación? Simple: es la conversación que siguió al correo que me mandó cuando me terminó y quiso volver la vez anterior, donde me decía que me amaba y que estaba segura de que quería estar conmigo... y etc., obvio.

No sé si J leerá ese correo. No sé qué estará pasando por su cabeza. Y también me preocupa el otro lado de la moneda: ¿está bien lo que hice (y me refiero a soltarle menos de la mitad de lo que siento)? ¿debí haberle soltado toda mi rabia y decepción? ¿debí callarme y guardar la compostura (y, de paso, así como quien no quiere la cosa, quedarme con un poco de dignidad)?
Por un lado, me gustaría tener respuestas para esas preguntas. Por otra parte, ya lo hice y no puedo retroceder nada. Lo que sí creo es que esta vez no hay vuelta... y lo que no sé es si no hay vuelta porque ella lo decida o porque yo lo haga.

martes, 16 de febrero de 2010

-- 7 --

Hace semana y media que rompimos... bueno... que rompió conmigo, si decimos las verdades.
Hoy recibí un correo de J.
Quiere regresar. Dice: "Creo que me enamore otra vez, y no me di cuenta...o al menos, no queria aceptarlo."
El problema es que también dice: "creo q en estos dias me di cuenta, q mas miedo me da no poder verte. Me acostumbre a la rutina, a mandar mensajes de texto, ...". Y creo que ese es justamente el problema: "Me acostumbré a la rutina"
¿Y si solo está regresando porque se siente mucho mejor que a una la consientan? ¿Y si lo que quiere es no estar sola? ¿Y si solo soy una cómoda rutina?


Pero... ahora soy yo quien no sabe qué hacer. Su correo no me da muchas seguridades y no quiero regresar a ese no saber dónde estoy parada, que si tenemos una relación o no, que si me quiere o no, que si ve un futuro conmigo o no, que si... o no... 
Otra posibilidad es que yo no sepa cómo llevar una vida sin paraguas, viviendo solo el momento, y siempre termine dando manotazos de ahogado... en una taza de agua...
Y también es bastante válido que no me dé la gana de que jueguen conmigo ni que me traten como a un yoyo ni... etc.


...Debería iniciar una encuesta en Facebook: "¿Regresarías con la chica que te dijo que estaba tratando de reemplazar a su ex contigo si te dice que cree que se enamoró sin darse cuenta?"

miércoles, 10 de febrero de 2010

-- 6 --

Y... fue.
J, su obsesiva dedicación al trabajo, sus miedos, sus chicos ideales, su "no veo un futuro juntas" y, por supuesto, el trauma-idealización que le dejó H.
Su obsesiva dedicación al trabajo es solo una muestra de que nuestras filosofías de vida son completamente opuestas: ella - no sé aún si consciente o inconscientemente - cree que uno vive para trabajar; yo creo que trabajamos para vivir. Eso incluso la está llevando a cuestionarse sobre sus proyectos de vida a corto, mediano y largo plazo. En todo caso, nuestra conversación-ruptura comenzó por ahí: no quiere dedicarle tiempo a nadie ni nada que no sea su trabajo... incluyendo una relación... o, mejor dicho, su relación conmigo.
Obvio, luego vino el despliegue de la lista de sus miedos. Muchos de sus miedos los comparto, pero ¿quién no tiene miedos? Todos los tenemos. La diferencia: quiénes los enfrentamos y quiénes no..
Afortunadamente, no tocamos el tema de sus chicos ideales. Sinceramente, eso me hubiera matado... o, para decirlo de forma menos dramática, me hubiera herido más.
El tema de sus miedos nos llevó a su "no veo un futuro juntas". Bueno, ¿y quién ve un futuro cuando la pared de los miedos nos impide ver lo que hay al otro lado? Intenté hacérselo ver, aún cuando ambas habíamos dado por terminada la relación, pero no es tan simple como decir "mira" ni como contarle el panorama que una ve detrás del muro. A esas y a estas alturas, ya se lo dije como alguien que aconseja a una amiga. Y, como comprenderán, el tema de "nuestro futuro juntas" era ya un tema zanjado.
Luego de conversar acerca de una y otra cosa, vino la verdad. Ella había querido reemplazar a H conmigo. Tal cual como lo digo ahora: yo solo había sido un reemplazo. Tal vez se dio porque ella necesitaba un sustituto para el tipo que la dejó con los crespos hechos y que - no quiero seguir preguntándome por qué - ella deja que siga en contacto y torturándola con un regreso que J misma sabe que no va a suceder. Tal vez se dio porque ella estaba sola, dolida y quería que le levantaran la autoestima. Tal vez se dio porque mi forma de ser se parece mucho a la de él. Solo puedo especular y creo que nunca sabré la verdad... aunque, si tuviera que elegir entre saberla o no, mis sospechas me hacen creer que no me gustaría saberlo. ¿La razón? Muy simple: que te agarren de sustituto no es nada bonito, ni reconfortante ni te genera ninguna sensación positiva. Descubrir que has sido un sustituto solo genera dolor... y una pérdida de autoestima horrible. Sabes que has estado ocupando el lugar que había sido guardado para otro y que amó a otro mientras estaba contigo. Para mí, es como una sacada de vuelta, como que me hubiera puesto los cuernos todo el tiempo que estuve con ella. Tal vez peor que eso porque, al menos, cuando te sacan la vuelta aún encuentran algo valioso y especial en una. Ser el reemplazo, la sustituta, es que solo encontraron las características que valoraban en el otro... y, por supuesto, no todas. Si J hubiera encontrado todas las características que - vaya a entender una por qué - la atraían de H, tal vez no le hubiera importado tanto el trabajo. Si J hubiera encontrado todas esas características y más, estoy casi segura de que J hubiera visto un futuro en nuestra relación y, además, hubiera disminuído, aunque sea un poco, esa excesiva entrega al trabajo; creo que le hubiera dado una oportunidad más a nuestra relación y hasta le hubiera puesto más empeño.
¡Ah! Los "hubiera", los subjuntivos... esas cosas que podrían haber sucedido si... etc.


Sé que soy una jodida, sé que tengo un montón de defectos, sé que tengo muchas inseguridades, pero creo que nada justifica que me tomen de sustituta - tanto como pienso que nada justifica que tomen a nadie de sustituto de nada.
Eso es lo que duele: nunca haber sido realmente querida por lo que una es. Haber dado todo de una, haberse abierto sin reservas, haber entregado todo lo que una podía dar... y descubrir, de pronto, como un maquiavélico destape, que todo fue ficción, porque la relación que J realmente estaba buscando era con H.

Tal vez es mejor ahora que después. Mejor ahora que cuando yo esté demasiado templada. Mejor ahora que... las distintas variables que pueden sucederse en el futuro.
Igual duele, no importa cuánto lo racionalice, como si me hubieran clavado un cortaplumas justo en el medio del pecho.

miércoles, 3 de febrero de 2010

-- 5 --

¿Se han dado cuenta de que la mayoría de cosas que se escriben en un blog son un gran conglomerado de reflexiones y de sucesos tristes? Es como las noticias: si no es mala, probable que los periódicos la publiquen en la cuarta o quinta página... si es que la publican...
Felizmente existen algunas entradas que no... pero esta no va a ser una de ellas. Si le puse "Confesiones" a este grupo de entradas es por algo... y mejor comienzo a confesarme de una vez.

Hace poco más de una hora J y yo salimos del cine (¿esta entrada la estaré escribiendo como efecto de "Amor sin escalas"? En todo caso, vayan a verla. Muy buena) y comenzamos a caminar. Casi nunca hablo de mis miedos sobre la relación con J: ella ya tiene bastante con los suyos (¿para qué cargarle más la mochila?), pero hoy me sorprendió. Literalmente me dijo: "Tú crees que yo no sé que tienes miedo de que te cambie por un chico?". Me mató. No pensé que supiera leerme tan bien. Obvio, se lo dije. Su respuesta fue simple: "Todos tenemos miedo a que nos cambien, sea por una mujer o por un hombre. Es natural".
... Yo sigo preguntándome qué tan natural es que una chica se sienta amenazada por la eventual aparición de un chico. Ser lesbiana es "poco normal" para nuestros estándares tercermundistas. ¿Cuán normal es que una lesbiana esté con una hetero? Prefiero creer que eso les pasa a muchas como yo.
Pero el asunto sigue. Pasamos a otros temas y, como cualquier conversación casual y libre, el tema al que pasamos pasó a otros y, por muchos giros, llegó a cuánto miedo tenemos ambas respecto a la seriedad de nuestra relación. La verdad, son muchos, y de ambas partes. Falta poco para que cumplamos tres meses, mi tiempo límite. Indefectiblemente termino antes de llegar al cuarto mes. Solo hay una chica que se salva: E... pero creo que esa relación tiene otros matices y que no puedo equiparar lo que tengo con J y lo que "tuve" con E (por favor, ¿alguna vez tuve algo con E? Para mayores referencias ver "Confesiones -- 2 --").
J tiene el mismo miedo que yo: se cumplen los tres meses y el asunto comienza a ponerse serio.
El problema del que me acabo de dar cuenta es otro: más allá de que la relación adquiera un cariz serio, me da miedo que J se espante por ese cariz serio y huya y me deje. Aún no sé cuán seria quiero que sea nuestra relación, ni siquiera si quiero una relación seria en mi vida en este minuto, pero, si hay una relación seria en mi vida en este minuto, quiero que sea con ella.
¿Esa es una señal de estar templada? ¿Qué tan grave? ¿Ya puedo comenzar a correr para alejarme del peligro de salir herida?


Pero también hubo otro momento que me ha dejado pensando. J dijo algo sobre "bueno... ¿y cuándo será la próxima vez que nos veamos?" y de frente pasó a decirme que el sábado no iba a poder porque va a salir con su hermano. Yo me quedé fría. Mi pensamiento estaba en "¿perdón? ¿o sea que anuló la posibilidad de que nos veamos dentro de la semana? y que salga de su casa un domingo es un milagro... ¿o sea que no nos vamos a ver hasta la próxima semana... si es que?". Luego comenzó a hablar de vernos el jueves o viernes (lunes y miércoles no puedo) y yo, un poco molesta y un poco porque creo que tienen que darte ganas de ver a la otra persona y no encontrarse porque es una cita acordada, le dije que mejor nos viéramos cuando quisiéramos, que si nos daban ganas de vernos, entonces quedaríamos en vernos, y si no teníamos ganas o salían otros planes, entonces no.
Y sigo con la duda sobre si habré hecho bien. No sé si ella habrá notado mi tristeza y todos mis pensamientos cuando me dijo lo del sábado, ni si habrá hablado de vernos el jueves o viernes porque vio la desilusión en mi cara. Y me duele pensar que existe la posibilidad de que no quiera verme.
¿Hora de echarme a correr antes de salir herida? ¿de templarme? ¿de templarme... más?


No sé. Ustedes... ¿qué dicen?

miércoles, 27 de enero de 2010

-- 4 --


A veces creemos que todo se acabó y comenzamos a buscar alternativas. Eso fue lo que hice el lunes 28 apenas desperté. No pensaba quedarme en Lima todo el fin de semana (y menos año nuevo) a rumiar sobre lo que había pasado. Tenía que hacer algo... ¡y pronto!
Es cierto que, cuando buscamos alternativas desesperadamente, se nos ocurren unas un poco jaladas de los pelos... bueno, todas las que se me ocurrieron eran jaladas de los pelos. Felizmente tengo a mi buena amiga B. Ella fue quien me hizo pisar tierra, me propuso un fin de semana medio azaroso pero bastante más aterrizado que los que se me habían ocurrido hasta el momento. Comenzamos a buscar opciones (y nos dimos con que encontrar un hospedaje en el sur para año nuevo y a esas alturas era cosa difícil. Aún así organizamos “la aventura” y nos dispusimos a pasar el año nuevo cerca de la playa).

Pero retrocedamos un poco en el tiempo para que puedan entender un par de cosas:
Cuando las cosas con J comenzaron, su hermana quería intentar algo conmigo. Obviamente, eso nunca sucedió y le dolió muchísimo cuando J le contó que estábamos juntas.
Respecto a las reacciones de J frente a mis pesadísimas bromas que incluían a su hermana como una posible sustituta... bueno, pues J reaccionaba como cualquier chica celosa de su pareja lo hubiera hecho... solo que con un poco más de... ¿cómo decirlo? Énfasis, tal vez, para no decir lo mucho que se molestaba si la broma incluía a su hermana [Por favor, si alguien quiere pegarme por haber hecho tales bromas, absténgase hasta terminar de leer esto y ver cómo aprendí a no decir eso ni en broma nunca más].
Mientras J y yo discutíamos por msn, noté que la hermana de J me hablaba más de lo usual. Primero pensé “¡Wow! ¡Qué buena amiga!”, después, según iba leyendo lo que la chiquilla me escribía en el msn e iba recordando comentarios sueltos, algo en mí comenzó a sospechar... ¿por qué esta chiquilla me está prestando el hombro? ¿por qué está a mi lado y no al lado de su hermana? ¿por qué, por lo menos, no se mantiene a distancia? ¿por qué comienza a parecerme que esos comentarios no dejan bien a su hermana? Sí, sí, ya sé que ningún ser humano es perfecto y que muchos pueden tener segundas intenciones... pero... ¿su hermana? Repito con incredulidad: ¿su hermana? ¡Jamás hubiera pensado eso!
Pero sí. Finalmente, y bien disimulado, me dijo para salir. Si hay algo a lo que yo no puedo negarme es al conocimiento, en todas sus formas, especialmente al conocimiento del ser humano. Si esa mocosa estaba queriendo hacer una mala jugada, yo tenía que comprobar que fuera así. Nunca me he conformado con que me digan que algo es así y no verlo demostrado, y esta no iba a ser la excepción.
Fue buena compañía, lo admito. Especialmente cuando se trata de una mujer despechada es necesario que haya buena compañía... para que la tarada de la despechada no haga estupideces. Caminamos mucho y conversamos todas esas horas. Terminó la noche, cada una se fue a su casa y cada una se conectó a su msn... y seguimos conversando y conversando y conversando y ya eran como las seis de la mañana cuando me soltó lo que hacía horas estaba por soltarme: J estaba coqueteando con un tipo de su oficina.
Pequeño detalle: J me había contado cómo su hermana quería sacar plan con ese tipo.
Obviamente la chiquilla se me cayó jodido, no le creí una palabra y hasta me dieron náuseas por lo que estaba presenciando. Le dije que me tenía que ir y la bloqueé para siempre.
Mientras todas estas conversaciones con su hermana se sucedían, J y yo habíamos estado intercambiando mensajes de texto y tratando de coordinar para vernos... y tratando de expresar nuestros pensamientos y, más difícil aún, nuestros sentimientos. Yo sabía que, si le decía a J con quién estaba conversando o con quién estaba, todo se iría al diablo. Pero... ¿por qué no adivinan cómo lo supo? [¿Tengo que decirlo? Está bien: su hermana se lo dijo].
El mismo día en que yo había tenido náuseas al ver lo bajo que podía caer su hermana, J y yo logramos ponernos de acuerdo en lugar y hora para conversar. Como es de esperarse, no tardó en decirme lo mucho que la había decepcionado al salir con su hermana, había esperado mucho más de mí... pero también supo escuchar cuando le dije por qué lo había hecho y me conoce lo suficiente como para saber que tengo esa manía de querer ver las cosas por mí misma y no solo creer, así se trate de la fuente más fehaciente del mundo. Por lo tanto, para mi tranquilidad y nuestra felicidad, me creyó... y esta entrada tiene un final feliz, pues volvimos y tuvimos un fin de semana y un año nuevo espectacular, donde, obvio, también estuvo B y tres nuevos amigos.

lunes, 28 de diciembre de 2009

-- 3 --

A veces no sabemos por qué queremos a las personas. Podemos encontrarles millones de defectos, pero no nos importa. Lo importante es que estén a nuestro lado. Nos contagian una energía nueva, fresca, nos hacen revivir, salir de nuestras rutinas, vivir un encantamiento, una ilusión, una fantasía. Tal vez ese es el punto, todo es solo una fantasía. Abandonamos la realidad y nos sumergimos en esa ficción creada por nuestros minúsculos cerebros, donde todo es alegría, felicidad, y hasta nos hace mejores personas. Reímos y hacemos reír, nos volvemos más tolerantes, y hasta cambiamos nuestra actitud respecto a lo que nos molesta. Y toda esta maravilla porque alguien apareció en nuestras vidas y nos hizo cambiar sin siquiera darse cuenta.
Y las maravillas aún son más maravillosas cuando esa persona nos da bola y más aún – por increíble que parezca – si logramos tener una relación estable con esa persona. Es increíble cómo cambian los colores de la vida, nuestra misma calidad de vida, todo lo que dejamos de lado, lo que acogemos como nuevo y como nuestro. Es asombroso cómo cambia nuestro entorno gracias a que nosotros mismos cambiamos.
Conforme el tiempo pasa, esos cambios se hacen una condición, una característica de nosotros. Pueden haber problemas en la relación, pero los solucionamos y, a medida que va pasando el tiempo y la relación se afianza, nos vamos dando cuenta que una pelea no va a acabar con esta, nos sentimos más seguros de que somos queridos, de que las peleas son solo malos entendidos que se arreglan y pasan, se dejan de lado o en el pasado, y no tienen importancia cuando nos reconciliamos con nuestra pareja y todo está bien otra vez. Incluso llegamos a dar gracias por las malas experiencias vividas porque nos han enseñado a vivir, porque nos han dado la experiencia para afrontar esos malos momentos.
En este minuto, después de haber vomitado tres veces – juro que no quise hacerlo, que mi cuerpo me obligó a correr al baño – y de haber llorado como jamás lo había hecho (e incluyo a E y a nuestras incontables idas y vueltas), digo que todo ese bienestar es pasajero. J finalmente me ha dejado. Sí, después de haberle planeado una sorpresa para esta semana, luego de haber arriesgado mi pellejo innumerables veces, luego de haberme dicho que me quería y que quería pasar los cuatro días del fin de semana largo conmigo, luego de haber buscado “n” alternativas para pasar juntas esos días, luego de que me dijera que solo pensaba pasar el 31 y el 1ero conmigo, luego de que me molestara por tal cambio de planes después de haberme hinchado durante semanas con que nos vayamos de campamento los cuatro días, luego de haber preguntado a mis amigos e incluso conocidos si querían irse de campamente con nosotras... ella me dejó, me cortó, me terminó.
A estas alturas no sé si Cato haya tenido razón al decirme "si J se va con otro pues estate feliz por q la tuviste; peor hubiera sido no tenerla nunca". Lo único que sé es que duele tanto que mis manos apenas pueden escribir y que mi mente apenas puede hilar frases que no sé si serán congruentes porque, a pesar de no saber si volveré a escribir aquí de nuevo, si volveré a escribirle un poema, si volveré a escribir sobre ella o en su honor, seguiré mi costumbre de no revisar lo escrito y solo lo pegaré en este blog... este blog que creé, justamente, para poder dedicarle poemas y escribir sobre los vaivenes de nuestra relación.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Paseo navideño

Es inevitable sentir cierta obligación cuando se trata de navidad: la obligación de comprar regalos, de gastar, pero, sobre todo, de darte mil quinientas vueltas tratando de encontrar algo que se ajuste a tu bolsillo y, tal vez la parte más difícil, ¡a los gustos del regalado!
Para mí, se trata más bien de un paseo, casi una aventura. Es divertido partir rumbo al centro en la mañana, colarse por las calles, buscar la sombra, comerse una porción de pizza en la esquina de la plaza de armas, buscar tiendas, regatear precios, llegar a la plaza San Martín, bajar por la calle del Queirolo, buscar libros, retroceder al Queirolo para comer un sandwich, comenzar a caminar buscando cómo diablos llegar a Tacna porque todos los años me pierdo. Por fin, subirse al micro, darte cuenta de que toda tu espalda está transpirada y sentirte tan cansada que sabes que vas a tener una excelente noche de sueño, que al día siguente te van a doler los pies, pero que haz conseguido todos los regalos para toda tu familia y solo gastaste 100 lucas.
Tal vez lo que sucede es que me gusta más el recorrido y la sensación de cansancio que ir a comprar regalos... los últimos vienen a ser trofeos q se van recogiendo en el camino.

sábado, 12 de diciembre de 2009

-- 2 --


A veces una cree que todos van a aprobar a nuestras parejas. Eso no es 100% verdad. Ya es la segunda vez que mi primo – que más parece hermano mayor – ve a J, y piensa que necesita salir un par de veces más con nosotras para decidir si la aprueba o no. Interesante. No había esperado eso ni de él ni de su enamorada. Creí que iban a aceptar a J sin condiciones. Parece que temen que una vez más salga lastimada.
Y no es para menos, dado mi historial de relaciones. Creo que más que mi historial, temen que me meta con alguien como E. Que repita la historia. O que yo la  repita, en todo caso.
E... toda una historia. Una larga historia. Para resumir: E estaba con una chica cuando comenzamos a salir. Yo no me enteré de nada hasta mucho después. En otras palabras, no sabía que estaba con alguien más, de modo que pasé a ser “la otra” sin saberlo. Cuando lo supe,  terminé. Cuando me dijo que habían terminado, regresamos. Me enteré que habían vuelto porque a alguien se le escapó, entonces volví a terminar... y el mismo círculo durante tres años. Quizás es la relación más larga que he tenido... y la más desgastante también. Cuando terminé por última vez fue por la misma razón... ¡y había pasado más de un año desde la última vez que nos vimos!
Quizás fue por eso que terminé la última vez. Me di cuenta de que nunca iba a ser para mí por completo, siempre iba a estar la otra.
...A veces me pregunto si el “príncipe europeo” de J nos va a llevar a lo mismo, aunque, por lo menos, J está en contra de sacarle la vuelta a alguien.
¿Quién sabe? Como dice Cato, “si J se va con otro pues estate feliz por q la tuviste; peor hubiera sido no tenerla nunca”.
Solo el tiempo lo dirá. Por el momento, solo puedo decirles que estoy muy contenta por tenerla a mi lado.

jueves, 10 de diciembre de 2009

-- 1 --

A veces obstruimos nuestros caminos, nos alejamos de la realidad, nos encerramos en nuestros pasatiempos en nuestras obligaciones, nos negamos la oportunidad de ver el mundo de una manera distinta. A veces, simplemente, queremos desaparecer, olvidarnos de que existimos, de que existe un mundo ahí afuera, de que la vida no es solo trabajo, de que podemos sentir. A veces, sentir nos hace humanos. A veces, ser humanos duele.
Amarro mi pelo con una liga. Me siento frente a la computadora. Escribo una lluvia de ideas. A medio camino enciendo un cigarro que fumo a medias porque mis manos están demasiado ocupadas para ocuparme de fumarlo. Sé que voy a llegar a mi cumpleaños número 30 sin una idea clara de quién soy, con una idea clara de quién quiero ser, sabiendo lo que me gusta y lo que no, lo que quiero y lo que no quiero, y sin haber dejado de fumar. De todas formas, me prometí a mí misma, hace unos tres años, que dejaría el cigarro en esa fecha. Faltan menos de seis meses y definitivamente no he bajado la cantidad de cigarros que fumo al día. Ya veré más adelante. Tal vez necesite uno de esos parches de nicotina para dejar el vicio.
Le temo a los terremotos. Les temo como a nada. Mi madre me enseñó a lanzarme y superar mis miedos. ¿Cómo se supone que me enfrente a un miedo que no llega? Hace como un año que no hay un movimiento telúrico en esta ciudad. Tengo miedo en las noches. Tengo miedo de dormir y ser despertada por uno de esos monstruos sin pies ni manos, sin mandíbulas, sin garras, sin dientes, pero que lo devoran todo. Supongo que vivir en un edificio hace que les tenga más miedo. Supongo que haber vivido el terremoto de Ica sola justo al ascensor me dejó una huella. No creo en la iglesia católica ni en ninguna otra, pero nunca recé tanto en mi vida.
Esta es otra noche de esas. Otra noche en las que siento un terror supremo a que se desate un terremoto y el piso se hunda, todo se resquebraje y yo esté en medio de ese todo. Quedar atrapada sin salida. Peor aún: que algo golpee mi cabeza y deje de existir para este mundo. Tal vez le tenga miedo a la muerte. No lo sé. Cuando llegue, lo sabré. Tal vez le tenga miedo a la muerte porque siento que aún no he dejado una huella, ni siquiera un camino que lleve a otros a dejar una huella.
Cuando comencé a salir con J todo era confuso. Ella, su príncipe europeo, la noche que pasamos juntas, el semestre que había rogado porque me diese una oportunidad.
Salir con héterosexuales no es fácil. Aún me cuesta escribir sobre ello. Mis dedos se hacen lentos, necesito más pausas. Y, sin embargo, aquí estoy. Ya no saliendo con ella, ahora “estoy” con ella, como decimos en Perú. “Girlfriends” lo llama mi amiga inglesa.
Evito la mirada de mi madre que pasa a ver si todo está bien conmigo, si necesito más luz, si estoy bien sentada, no vaya a ser que tanto escribir en mi laptop me malogre la columna o la cerviz.
No. Definitivamente no soy una chica cualquiera. Tengo la suerte de que mi madre me aguante que quiera seguir otra carrera para complementar la que estudié en la universidad, y por eso no me exija más que pagar mis estudios y pagar algunos gastos del departamento. Creo que otra me hubiera mandado a trabajar a tiempo completo; eso, si no me botaba de la casa a los 25. Tengo suerte.
Pero... ¿qué hará cuando se dé cuenta de que “sigo” siendo lesbiana? Tengo la impresión, la sospecha que se confirma día a día, de que ella piensa que ya “se me pasó”, que fue solo “una etapa”. A veces siento como si la estuviera engañando. Entonces es cuando otra parte de mí sale y dice “pero ser lesbiana no es un pecado y, por otra parte, ella misma no quiere enterarse, no quiere saber, no quiere darse cuenta, ¿o no crees que es demasiado obvio que no salgas con ningún chico y que casi todas tus amigos sean mujeres?”.
“Estar” con una hétero... sí, es un problema. Pero estar con J es aún más problemático. ¿Cómo logras que una hétero se “convierta”?. No solo eso. J no es solo una hétero más. J da prioridad a sus estudios, a su carrera, a su trabajo, a su familia y a sus amigos. J... a veces no sé qué está pensando. Su “no quiero pensar en el futuro” me hace pensar a mí, me hace pensar en que cualquier día me va a decir que su príncipe europeo viene a Lima, a llevársela, a casarse con ella, y sé que así será, que un día me voy a despertar y no estará más para mí porque se habrá casado con su príncipe europeo y tendrá muchos hijitos y perros, “más perros que hijitos” como alguna vez me dijo. ¿Y qué me quedará a mí? Una serie de dulces recuerdos... supongo.
Regla número 1 de ser lesbiana: no te enamores de una hétero. Definitivamente ya la rompí. Y, para colmo, le negué el hecho de que estoy enamorada de ella. Le dije que no lo estaba, que me tomaba tiempo enamorarme de alguien. ¡Como si un semestre entero de verla y rogar que “fuera” no hubiera sido suficiente! Por supuesto que, solo con verla, supe que era hétero. Pero las esperanzas es lo único que no muere. Mis esperanzas tampoco murieron. Una fiesta, cuatro chicas demasiado ebrias para controlar sus impulsos... yo era una de las cuatro chicas... y la única lesbiana del grupo. A todas se nos pasó la mano con los tragos. Creo que todas hicimos cosas que no hubiéramos hecho si no hubiéramos estado ebrias. Unas bromas ladillas. La tenía frente a mí. No me atreví a hacer nada. Aún estaba demasiado consciente de que estaba rodeada de héteros. Aún estaba consciente de que nuestras dos amigas – por supuesto, también héteros – nos miraban. Pero, sobre todo, aún estaba consciente de que ella era mi amiga, de que era hétero y de que no habría mayor traición a nuestra amistad que plantarle el beso que me moría por darle. Sin embargo, las horas pasaron, hubo más trago, más bromas y más chicas a las que dejé de mirar porque ahora la miraba solo a ella.
Las bromas. Ese fue el inicio, y lo que desató todo. Nuestras dos amigas se fueron a bailar. Una broma. Un enfrentamiento de bromas. 10 centímetros entre nosotras. 5. 2. Me atreví. La besé como había querido hacerlo hacía tiempo. Tenía miedo que me diera una cachetada. Alargué el beso. Seguía teniendo miedo. Terminé el beso. No hubo cachetada. Hubo otro beso. Esta vez me lo dio ella. No podría decir que me lo robó porque me lo dio.
Así comenzó esta historia. Supongo que más adelante se enterarán de más detalles. Supongo que más adelante sabrán por qué comencé este blog y por qué escribo sin corregir nada más que cuando me equivoco en una letra.
Ahora saben por qué estoy aquí, por qué prefiero narrar esta historia siendo un anónimo “Patito”, un apodo que se lo debo a la única persona que me llama así, a la única persona que sabe quién soy.